Una investigación realizada por la Universidad Nacional de La Plata (FCE-UNLP) con más de 500 estudiantes comprobó que situaciones adversas breves en redes sociales generan un aumento causal de la ansiedad.
Los participantes del experimento fueron expuestos a dinámicas comunes como ser ignorado por amigos, recibir comentarios negativos o no obtener reacciones en sus publicaciones. Incluso situaciones hipotéticas y de corta duración, como ver contenido idealizado o videos generados por inteligencia artificial sobre uno mismo, elevaron significativamente los niveles de estrés.
El grupo tratado leyó cinco escenarios hipotéticos y realistas inspirados en dinámicas comunes de las redes sociales: publicar contenido y no recibir reacciones, recibir comentarios negativos, ver contenido altamente idealizado, encontrarse con un video generado por inteligencia artificial sobre uno mismo, y ser ignorado por amigos. Por su parte, el grupo de control fue expuesto a escenarios completamente neutrales, como un tutorial de cocina o un anuncio publicitario.
Inmediatamente después de la intervención, se evaluó a los participantes utilizando el State-Trait Anxiety Inventory (STAI), una de las escalas más reconocidas y validadas a nivel internacional para medir la ansiedad de estado.
Los resultados indicaron que la exposición a los escenarios negativos aumentó los niveles de ansiedad de manera significativa, en un promedio de 0.09 desviaciones estándar respecto al grupo de control. Lo llamativo del estudio es que estos efectos se consolidaron tras una exposición de duración muy breve y de carácter completamente hipotético.
Un dato llamativo del informe es que el incremento emocional es mayor en los varones que en las mujeres. Según los analistas, esto podría ocurrir porque las mujeres están más habituadas a este tipo de experiencias digitales, lo que genera una menor reacción frente a estímulos que ya forman parte de su rutina.
El estudio también ratifica una tendencia de hiperconexión constante, donde el 60% de los jóvenes pasa más de cuatro horas diarias en las plataformas. Esta cifra se eleva al 72% durante los fines de semana, llegando incluso a un 40% de usuarios que superan las seis horas de conexión los días sábados y domingos.
Las conclusiones finales sugieren que la calidad del contenido y de las experiencias puntuales es tan crítica para la salud mental como la cantidad de tiempo conectado. Por ello, resulta fundamental diseñar intervenciones educativas y políticas públicas que trasciendan la simple reducción del tiempo de pantalla.





