Cada 13 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Bailarín Folklórico, una fecha que recuerda la vida y el legado de Santiago Ayala, conocido como “El Chúcaro”, una de las figuras fundamentales de las danzas tradicionales argentinas. Bailarín, coreógrafo, actor y dibujante, dedicó buena parte de su vida a llevar las expresiones populares del país a los escenarios y a formar nuevas generaciones de artistas.
Nacido el 16 de octubre de 1918 en la ciudad de Córdoba, Ayala desarrolló junto a Norma Viola una trayectoria decisiva para la danza nacional y creó un estilo propio que combinó las raíces tradicionales con nuevas formas de composición y puesta en escena. Su obra incorporó historias, costumbres, paisajes, mitos y leyendas de distintas regiones argentinas, convirtiendo al folklore en una herramienta para contar y transmitir identidad.
Uno de sus grandes sueños fue crear un elenco que representara las danzas tradicionales de todo el país y ese proyecto se concretó en 1986 con la creación del Ballet Folklórico Nacional, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. El elenco, dirigido en sus comienzos por Ayala y Viola, tuvo su debut el 9 de julio de 1990 en el Teatro Colón y continúa actualmente con la misión de llevar la cultura y las danzas argentinas a distintos escenarios del país y del exterior.
Ayala falleció el 13 de septiembre de 1994, a los 75 años, y esa fecha quedó vinculada para siempre con su figura y con la celebración de los bailarines de folklore. En 1998 se estableció oficialmente esa jornada como un homenaje a quienes, desde academias, ballets, escuelas y agrupaciones, mantienen vigentes las expresiones culturales transmitidas de generación en generación.
A más de tres décadas de su muerte, el legado de “El Chúcaro” permanece en cada zamba, malambo, chacarera y danza que vuelve a ocupar un escenario. El Día del Bailarín Folklórico representa así mucho más que una celebración artística: es una oportunidad para reconocer a quienes convierten el movimiento en memoria y mantienen vivas las raíces de una identidad que continúa pasando de una generación a otra.





