El 16 de septiembre de 1976, cuando la última dictadura cívico-militar llevaba apenas seis meses en el poder, comenzó en La Plata una serie de secuestros que tuvo como víctimas a estudiantes secundarios de entre 16 y 18 años. Entre esa jornada y el 21 de septiembre, diez jóvenes fueron secuestrados por grupos de tareas y trasladados a centros clandestinos de detención, en uno de los episodios que con el paso del tiempo se conocería como La Noche de los Lápices.
Los estudiantes habían participado de la vida política y estudiantil de la época, y varios estaban vinculados a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero y Claudio de Acha continúan desaparecidos, mientras que Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Miranda y Pablo Díaz sobrevivieron al cautiverio y sus testimonios fueron fundamentales para reconstruir lo ocurrido. Los jóvenes fueron llevados a lugares como Arana y el Pozo de Banfield, donde sufrieron torturas.
Durante años, el episodio quedó asociado principalmente al reclamo por el Boleto Estudiantil Secundario, una reivindicación por la que estudiantes platenses se habían movilizado en 1975, durante el gobierno constitucional anterior al golpe de Estado. Sin embargo, los testimonios de los sobrevivientes y las investigaciones posteriores permitieron ampliar esa explicación: algunos de los jóvenes habían participado de aquellas protestas, pero también desarrollaban militancia política y estudiantil, en un contexto en el que la dictadura perseguía y reprimía la organización política y social.
La historia de La Noche de los Lápices también permite dimensionar el lugar que ocupaban los jóvenes en la Argentina de los años 70 y la violencia con la que el terrorismo de Estado respondió a esa participación. Con el regreso de la democracia, sus nombres comenzaron a ocupar un lugar central en las nuevas generaciones y, desde 1986, las movilizaciones por esta fecha se transformaron en espacios de encuentro y memoria para distintos sectores juveniles. En 2014, además, el Congreso sancionó la Ley 27.002, que estableció el 16 de septiembre como Día Nacional de la Juventud, en conmemoración de aquellos estudiantes.
La dimensión judicial también forma parte de esta historia. En marzo de 2024, el Tribunal Oral Federal N.º 1 de La Plata condenó a diez represores a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 605 víctimas en centros clandestinos de detención, en una causa que abordó responsabilidades vinculadas al Ejército, los servicios de inteligencia y la Policía Bonaerense. A 50 años de aquellos secuestros, Claudia, Francisco, María Clara, Horacio, Daniel y Claudio siguen siendo seis nombres presentes en la memoria colectiva, mientras la fecha continúa siendo una referencia para comprender la persecución sufrida por la juventud organizada durante la última dictadura.
Medio siglo después, aquella historia no quedó detenida en septiembre de 1976. Cada 16 de septiembre vuelve a las aulas, a las plazas y a las calles para recordar quiénes eran aquellos jóvenes, qué lugar ocupaban en su sociedad y qué ocurrió cuando la participación política y estudiantil fue perseguida por el terrorismo de Estado.





