Este fenómeno ocurrió incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria, donde el índice de precios mostró su valor más bajo desde agosto de 2025, situándose en un 1,9% mensual.
Según el Indicador de Consumo (IC) elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el retroceso fue del 1% en términos interanuales. En la comparación mensual frente a mayo, la caída desestacionalizada alcanzó el 1,6%, lo que refleja una persistente debilidad en el gasto de las familias a pesar de una ligera recuperación en los ingresos reales.
Entre los rubros más golpeados se destacan el de transporte y vehículos, con una baja del 7,4% explicada por el desplome en el patentamiento de autos, y el sector de recreación y cultura, que cayó un 8,1%. Por su parte, la indumentaria y el calzado también registraron una incidencia negativa con un descenso estimado del 4,6% respecto al año anterior.
En contraposición, el segmento de vivienda, alquileres y servicios públicos mostró un crecimiento del 9,4%, impulsado mayormente por un fuerte incremento en la demanda eléctrica. En cuanto al financiamiento, mientras los créditos hipotecarios mantienen una trayectoria moderadamente ascendente, las tarjetas de crédito y los préstamos personales han entrado en una etapa de retroceso leve pero constante.
Finalmente, el informe de la CAC resalta un desacople entre el consumo y la actividad económica general. Mientras que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un leve crecimiento interanual, el consumo continuó en terreno negativo, evidenciando que el ingreso real de los hogares aún no tiene el vigor suficiente para traccionar la demanda de bienes durables y servicios de ocio.





