Este 14 de septiembre se cumplen 90 años del nacimiento de Hernán Figueroa Reyes, uno de los grandes referentes del folklore argentino, nacido en la ciudad de Salta en 1936. Hijo del poeta José Figueroa Aráoz y de la actriz y poetisa Mariela Reyes, creció en una familia vinculada al arte y desde joven combinó sus estudios de abogacía con el aprendizaje de la guitarra y su creciente pasión por la música.
Su carrera tomó impulso en 1960, cuando integró la formación original de Los Huanca Hua junto a Juan Carlos del Franco Terrero, Guillermo Urien y los hermanos Chango y Pedro Farías Gómez. El conjunto significó una verdadera renovación para el folklore argentino a partir de complejos arreglos vocales, el uso de la polifonía y recursos rítmicos que rompieron con las formas tradicionales de interpretación. Figueroa Reyes permaneció en el grupo hasta 1963, cuando decidió iniciar su camino como solista.
Como solista, Figueroa Reyes construyó una carrera que lo llevó a convertirse en una de las voces más reconocidas del movimiento folklórico de los años 60. En 1966 alcanzó uno de sus mayores éxitos con “El corralero”, de Sergio Sauvalle, y obtuvo su consagración en el Festival de Cosquín, mientras que canciones como “Zamba del cantor enamorado” se incorporaron al repertorio popular y terminaron asociadas para siempre con su nombre.
Su influencia también se extendió más allá de los escenarios: fue director de grabaciones de CBS y desde ese lugar y a través de su propia peña impulsó las carreras de distintos artistas del folklore argentino. Además, participó en películas como “Ya tiene comisario el pueblo”, estrenada en 1967, en una trayectoria artística que incluyó también composiciones propias y colaboraciones con figuras como Oscar Valles, Eladia Blázquez y León Benarós.
Figueroa Reyes murió en Buenos Aires el 5 de febrero de 1973, a los 36 años, luego de un accidente automovilístico, pero su obra sobrevivió a su partida y continúa presente en el cancionero argentino. A 90 años de su nacimiento, canciones como “El corralero”, “Zamba del cantor enamorado” y “Zamba del gaucho guerrero” mantienen vigente el recuerdo de una figura que ayudó a transformar el folklore y dejó una marca propia en la historia de la música popular del país.





