El régimen de Irán se proclamó vencedor en el conflicto armado iniciado el pasado 28 de febrero contra Estados Unidos e Israel, argumentando que sus adversarios no lograron cumplir con los objetivos estratégicos trazados, entre ellos la caída del poder de los ayatolás. La postura fue expresada por el presidente del Parlamento y principal negociador iraní, Mohamed Baqer Qalibaf.
En una alocución transmitida por la televisión estatal, Qalibaf catalogó el resultado como una "derrota absoluta para Estados Unidos y el régimen sionista", calificando además el memorando de entendimiento firmado el 17 de junio como un documento de victoria para Teherán.
El estrecho de Ormuz como llave de la negociación
A pesar de la proclama de triunfo, el cierre definitivo de las hostilidades permanece sujeto a un paquete de exigencias planteadas por el régimen teheraní, teniendo como eje central el control del estrecho de Ormuz, paso marítimo clave para el comercio global de petróleo y gas que se encuentra cerrado desde mediados de julio.
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Reclamos económicos: Fin de las sanciones internacionales y autorización para la venta y exportación de petróleo iraní.
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Exigencias marítimas: Levantamiento inmediato del bloqueo naval estadounidense sobre sus puertos y embarcaciones.
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Presencia militar exterior: Negativa absoluta a permitir que Estados Unidos restablezca sus bases militares en la región a los niveles previos al conflicto.
Por su parte, el jefe del Ejército iraní, general de división Amir Hatami, ratificó que la seguridad del paso estratégico es una de las condiciones innegociables para sellar el fin de la guerra: "El sagrado estrecho de Ormuz es una de las condiciones para poner fin a la guerra; lo preservaremos con todas nuestras capacidades", aseveró.
De esta forma, las autoridades iraníes emplean el bloqueo del estrecho de Ormuz como principal factor de presión en la mesa de negociaciones con Washington, en un escenario donde aún se debate el equilibrio militar y económico definitivo en Medio Oriente.





