Esta Selección ya ganó el lugar que ninguna derrota podrá quitarle

Más allá del resultado, este equipo construyó un legado que quedará para siempre en el corazón de los argentinos.
20 de julio 2026, 9:21hs
*Por Victoria Godoy

La derrota frente a España en la final del Mundial 2026 dolió. Las finales siempre duelen. Pero mientras el silbato marcaba el final del partido y los jugadores argentinos se abrazaban o se tiraban al campo de juego con lágrimas en los ojos, ocurrió algo que hace algunos años parecía imposible: un país entero decidió agradecer antes que reprochar. Y ese, quizás, sea el mayor triunfo de esta Selección.

Porque durante mucho tiempo el fútbol argentino fue cruel con sus propios héroes. Hubo generaciones extraordinarias que cargaron con el peso de perder una final y fueron juzgadas únicamente por el resultado. Esta vez ocurrió exactamente lo contrario. Nadie necesitó una copa para reconocer lo que este grupo representa. El cariño ya estaba construido mucho antes del último partido.

Cuando Lionel Scaloni asumió el desafío de dirigir a la Selección en 2019, pocos imaginaban el camino que estaba por comenzar. Tomó un equipo golpeado, cuestionado y sin identidad. Sin grandes discursos, armó un grupo convencido de una idea: volver a representar a la gente. Después llegaron los títulos, pero primero apareció algo mucho más importante: la identificación entre los jugadores y un pueblo que necesitaba volver a sentirse reflejado en su camiseta.

Por eso esta generación trascendió los resultados. Porque hizo que millones de argentinos organizaran su vida alrededor de un partido. Porque durante cada Mundial, cada Copa América o cada fecha de Eliminatorias logró que las diferencias quedaran por un rato de lado para dar paso a un abrazo, una bandera o una ilusión compartida. En un país acostumbrado a convivir con las preocupaciones diarias, esta Selección regaló algo que no se compra ni se explica con estadísticas: momentos de felicidad colectiva.

Lionel Messi fue el rostro más visible de esa historia. Pasó de ser injustamente cuestionado a convertirse en el futbolista más querido por varias generaciones de argentinos. Lo acompañó un grupo que nunca dejó de correr por el compañero, que entendió el valor de ponerse la camiseta y que volvió a hacer que los chicos soñaran con la Selección.

Lionel Messi. El mejor jugador del mundo es argentino.

Del otro lado estuvo Scaloni, el entrenador que reconstruyó una identidad sin estridencias y que transformó un proyecto de emergencia en uno de los ciclos más exitosos de la historia del deporte argentino.

Scaloni, un técnico inolvidable para los argentinos.

Tal vez el tiempo confirme que este fue el último Mundial de Messi. Tal vez también haya llegado el momento de que Scaloni cierre un ciclo que cambió para siempre la historia de la Selección. Si eso ocurre, no será solamente el final de un equipo. Será el cierre de una etapa única que volvió a encender una pasión que parecía apagada y que consiguió algo reservado para muy pocos: unir a millones de argentinos detrás de un mismo sentimiento.

Las copas ocupan un lugar de privilegio en las vitrinas, pero no siempre alcanzan para quedarse en el corazón de la gente. Esta Selección consiguió ambas cosas. Ganó títulos inolvidables, llegó a otra final del mundo y, sobre todo, construyó un vínculo irrompible con su pueblo. Por eso el subcampeonato no se vivió como una frustración, sino como el final de otra enorme aventura.

Porque los grandes equipos se recuerdan por lo que ganan. Los inolvidables, además, se recuerdan por lo que hacen sentir. Y esta Selección nos hizo volver a creer, volver a emocionarnos y volver a abrazarnos. Ninguna derrota podrá borrar eso. Pase lo que pase de aquí en adelante, esta generación ya ocupa un lugar eterno en la historia del fútbol argentino y, sobre todo, en el corazón de su gente.

Gracias Messi, gracias Scaloni, gracias a todos los futbolistas de esta generación que volvió a poner a la Argentina en lo más alto y promovió el merecido valor humano por sobre todas las cosas. Al fin y al cabo, es lo que nos define. 

¡GRACIAS TOTALES!

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