Cada 3 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Higiene, una fecha que busca poner en primer plano algo tan cotidiano como importante: mantener buenos hábitos de limpieza puede ayudar a prevenir enfermedades. La higiene no se limita al aseo personal, sino que también alcanza a los alimentos, los hogares, los lugares de trabajo y los espacios que compartimos.
¿Qué hábitos conviene incorporar todos los días?
Hay prácticas sencillas que forman parte de la prevención y que pueden reducir la circulación de microorganismos. Entre las más importantes se encuentran:
- Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos, especialmente antes de comer o preparar alimentos y después de ir al baño.
- Limpiar todas las zonas de las manos, incluyendo palmas, dorsos, dedos, espacios entre ellos y debajo de las uñas.
- Lavar frutas y verduras con agua potable antes de consumirlas, especialmente cuando se comen crudas.
- Evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocidos durante su preparación y conservación.
- Mantener limpias las superficies de uso frecuente, principalmente en cocinas y baños.
- Ventilar los ambientes de manera regular, especialmente cuando permanecen varias personas en espacios cerrados.
- Manipular y conservar correctamente los alimentos, respetando las condiciones de temperatura necesarias.
- Eliminar adecuadamente los residuos para evitar la acumulación de basura y la aparición de insectos y otros vectores.
- Cubrirse al toser o estornudar y lavarse las manos después.
- No compartir determinados objetos personales cuando exista riesgo de transmisión de infecciones.
El lavado de manos tiene un papel central
Las manos están en contacto permanente con objetos y superficies y pueden transportar microorganismos de un lugar a otro. Por eso, el lavado correcto es una de las herramientas más simples para interrumpir cadenas de transmisión y resulta especialmente importante antes de preparar o consumir alimentos, después de utilizar el baño y al regresar de determinados espacios públicos.
Higiene no significa desinfectar todo
También es importante diferenciar limpieza y desinfección. La limpieza permite retirar suciedad y parte de los microorganismos de una superficie, mientras que la desinfección utiliza productos específicos para reducirlos o eliminarlos; por eso, no todos los espacios necesitan una desinfección permanente y el uso excesivo de productos químicos tampoco significa mayor protección.
El agua segura también es parte de la prevención
Hablar de higiene implica además hablar de acceso al agua potable y a condiciones adecuadas de saneamiento. Mantener estos hábitos no depende solamente de decisiones individuales, ya que contar con agua segura y lugares apropiados para higienizarse es una condición fundamental para proteger la salud.
La experiencia de la pandemia volvió a demostrar la importancia de estas prácticas, pero su utilidad no termina con una emergencia sanitaria: la prevención también se construye con pequeñas acciones repetidas todos los días, capaces de proteger a una persona, a su familia y también a la comunidad.





