Bajo el lema "somos nosotros contra todos", el dirigente denunció un "manoseo" generalizado en el fútbol argentino y exigió que las autoridades encuentren un "límite en términos de la vergüenza".
En medio de una seguidilla de resultados adversos, Di Carlo ratificó con contundencia su respaldo al entrenador Eduardo Coudet. El mandatario subrayó que el proyecto futbolístico está planificado a tres años y pidió paciencia a los hinchas, destacando que el equipo tiene las condiciones necesarias para revertir el presente y "despegar" próximamente.
El dirigente también realizó una fuerte autocrítica al reconocer como un "error en las formas" la manera en que se apartó a varios integrantes del plantel profesional. Explicó que la decisión fue motivada por la necesidad de reducir la masa salarial, pero admitió que la brusquedad de la medida fue una equivocación personal que no facilitó las salidas de los jugadores involucrados.
Respecto a los movimientos del mercado, se confirmó la transferencia de Castaño a Brasil por 5 millones de dólares y la millonaria inversión de 20 millones de euros por la ficha de Thiago Almada. Además, el presidente aclaró que la rescisión del contrato de Juan Fernando Quintero se resolvió en buenos términos, brindándole el respeto que merece un "héroe de Madrid".
Finalmente, Di Carlo apeló a la histórica frase de la "guardia alta" para describir el contexto de adversidad que atraviesa la institución. Aunque reconoció que la prioridad es corregir la fragilidad del fútbol propio, aseguró que la "tolerancia está agotada" y que la dignidad de River no se negocia ante los fallos que consideran injustos.





