El Sumo Pontífice manifestó su profunda tristeza por esta enfermedad, la cual lamentablemente está provocando numerosas víctimas fatales en el territorio africano.
Ante esta grave crisis de salud, León XIV exhortó a las naciones y organismos globales a brindar una respuesta coordinada para salvar vidas. En su llamado, el Santo Padre hizo especial hincapié en la necesidad de incluir activamente a las comunidades locales en las tareas de prevención, considerándolo un paso crucial para contener el avance del virus.
La atención del Obispo de Roma también se centró en la República Centroafricana, que llora a las víctimas del trágico derrumbe de la mina de Zamboyé ocurrido el pasado 18 de agosto. El siniestro, que se cobró la vida de más de cien personas, motivó al Papa a rogar por los fallecidos y a reclamar un firme compromiso para garantizar la seguridad y la legalidad de todas las explotaciones mineras.
Asimismo, el Pontífice recordó que este lunes se conmemora el décimo aniversario del devastador terremoto que, el 24 de agosto de 2016, golpeó el centro de Italia. Aquella tragedia en las regiones de Lacio, Umbría y Marcas —que dejó más de 299 fallecidos, unos 400 heridos y más de 40 mil damnificados— llevó a León XIV a pedir que la fe y la solidaridad sigan impulsando los trabajos de reconstrucción.
Antes de la oración mariana, el Papa reflexionó sobre el Evangelio dominical, señalando que este interpela a cada persona a asumir una fe de respuesta personal, en lugar de vivir una creencia por mera costumbre. Al finalizar el encuentro, saludó afectuosamente a los romanos y peregrinos presentes en la plaza, destacando la participación de un coro de Polonia, los seminaristas del Pontificio Colegio Norteamericano y los jóvenes de Bormio y Valfurva.





