La conmemoración del Día del Maestro rinde homenaje a las generaciones de educadores que recorrieron los parajes más distantes del territorio para garantizar el acceso a la alfabetización primaria y a la formación cívica de la juventud. Con el propósito de compartir sus vivencias tras egresar a los 18 años de la Escuela Normal Sarmiento y repasar las transformaciones del sistema escolar, el ex docente rural, Justo Sotelo, charló en Radio Facundo Quiroga. Al recordar sus comienzos profesionales y la diversidad de tareas comunitarias que debía asumir un maestro de campaña en la década de 1960, afirmó: "Hace 66 años me recibí de maestro en la Escuela Normal Sarmiento e inmediatamente vine a trabajar, porque vengo de una familia muy humilde y había que trabajar". Asimismo, al detallar la rutina diaria antes de recibir a los alumnos en las aulas del interior, precisó: "El maestro en el campo tenía que hacer de portero, barrer el salón, abrir la escuela, recibir a los niños, izar la bandera y preparar el cocido caliente en un latón para los chicos".
El traslado hacia los establecimientos educativos rurales demandaba extensas travesías que combinaban transporte marítimo, ferroviario y maquinaria agrícola durante las grandes crecidas de la época. En este sentido, al rememorar las dificultades logísticas para arribar a la Escuela de Las Palmas y las estrategias de convocatoria cultural en Colonia Brandsen Norte de Presidencia de la Plaza, Sotelo destacó: "Para llegar en época de inundaciones, teníamos que viajar en el barco ‘Bruselas’, tomar un tren chiquitito de la compañía y hacer 25 kilómetros en tractor o chata cañaverales adentro". Del mismo modo, al explicar cómo informaban a la comunidad sobre las celebraciones patrias y los bailes populares donde actuaban conjuntos chamameceros, graficó: "Como en la colonia no había nada, a las 5:30 de la mañana tirábamos seis bombas para que la gente se entere de que en la escuela iba a haber acto y baile". Además, al recordar la interrupción temporal de las clases durante la cosecha algodonera, agregó: "En la época de la cosecha, los chicos iban a cosechar con papá y mamá para sacar el dinero y comprarse la ropa y las zapatillas para ir a la escuela".
La relación afectiva entre los maestros nacionales y las familias agrícolas consolidó un sentido de pertenencia y respeto recíproco que perdura a lo largo de las décadas. Al relatar un peligroso episodio donde la intervención de un estudiante evitó el ataque de una serpiente venenosa en plena aula, el ex docente rural valoró: "Un chico me salvó la vida cuando salió una yarará de atrás del botiquín, me dijo que me quede quietito no más y la sacó con un palito". Finalmente, al transmitir un mensaje de felicitación a sus colegas en su día y sintetizar la esencia inmortal de la vocación docente, concluyó: "El maestro no lo es hasta que se jubila, sino desde que se recibe hasta el último momento en que suspira".
Este artículo fue creado a partir de una entrevista en vivo. Las personas mencionadas y/o involucradas en el mismo tienen su correspondiente derecho a réplica que puede coordinarse comunicándose a la producción al número 3624-815203.





