Las autoridades de la República Islámica confirmaron un cambio profundo en su postura estratégica frente a Washington, dejando atrás la doctrina defensiva para advertir que cualquier agresión recibirá una respuesta más rápida y contundente. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, zanjó que la era de las respuestas proporcionales ha terminado, un mensaje respaldado por el general Mohsen Rezaei, quien reveló un ataque de advertencia reciente contra un buque de guerra estadounidense.
En medio de este endurecimiento, Teherán anunció la imposición de una nueva zona prohibida al tránsito naval en el estratégico estrecho de Ormuz, afirmando que el canal continúa cerrado y que los barcos que circulen por rutas no autorizadas serán atacados. No obstante, el gobierno iraní avanza en la creación de una ruta comercial provisional coordinada con Omán que funcionará como un corredor de doble sentido para el tráfico mercante mientras se negocia un acuerdo permanente.
La tensión en la región escaló de forma notable tras un fin de semana marcado por ataques cruzados, que incluyeron el lanzamiento de misiles balísticos contra un portaaviones estadounidense y bombardeos de represalia de Washington contra tres petroleros de la República Islámica. Las fuerzas iraníes respondieron atacando a su vez a navíos comerciales que circulaban sin autorización, endureciendo un conflicto que ya afecta directamente las rutas del comercio internacional de crudo.
Paralelamente, Teherán justificó los recientes atentados contra bases militares estadounidenses en Jordania y en el Kurdistán iraquí como parte de esta renovada ofensiva militar. Mientras tanto, el Ministerio de Exteriores advirtió a terceros países, como Corea del Sur, que cualquier intento de contribuir militarmente a la seguridad impulsada por Estados Unidos en la zona será considerado un acto de complicidad.





